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Alde a de l Pinar Re vista Nº 3 - Ago/2010
Flor de castilla.
Una leyenda castellana contada por la abuela Pilar
Re inando e n Le ón y Asturias Be rm udo II,
flore cían e n Castilla sie te jóve ne s de linajuda e stir-
pe , los llam ados sie te infante s de Lara. Su padre
e ra Gonzalo Gustios, se ñor de Salas, y la m adre
Sanch a Ve lázque z de Lara, la cual, e n un solo par-
to, tuvo a sus sie te vástagos. Aconte ció que casaba
e n la ciudad de Burgos su tío Ruy Ve lázque z, se ñor
de Vilvie stre , con una orgullosa y m ale ncarada da-
m a, de nom bre Lam bra. Y pue sto que las m e ntiras
de l corazón com ie nzan de sde la cara, durante la
tornaboda, ce le brada e n Salas, discutie ron am bas
fam ilias, los de Bure ba y los de Lara, injuriando
grave m e nte Lam bra de Bure ba a doña Sanch a al
de cirle que com o pue rca y de una tacada a sie te h i-
jos h abía parido e n ce nagal.
Te rm inados los de sposorios, Ruy Ve lázque z
se e ncam ina al e ncue ntro de l m onarca le onés, m ie n-
tras que Lam bra, acom pañada por los sie te infan-
te s, se dirige h acia Barbadillo de l M e rcado, de
donde e ra se ñora. La de Bure ba por e l cam ino orde -
na a un criado que afre nte al m e nor de los de Lara,
h e ch o que se salda con la m ue rte de l lacayo, lo
cual pre te ndía la dam a. Ente rado Ruy Ve lázque z
por su e sposa de lo suce dido, con e lla tram a la ve n-
ganza; y así, m e diando falsos llam am ie ntos de l re y
para que a Alm anzor se le lle ve una carta, Gonzalo
Gustios se e ncam ina h acia Córdoba con la m isiva
lacrada, e n la cual se dice que se a m ue rto e l porta-
dor de la m ism a y que , asim ism o, a sus h ijos se le s
tie nda fie ra e m boscada.
El prude nte Alm anzor e n ve z de m atar a
don Gonzalo de cide e nce rrarlo e n Palacio, orde -
nando, por se r h idalgo caballe ro, se a ate ndido por
su propia h e rm ana. M ie ntras tanto e n Castilla, Ruy
Ve lázque z e je cuta la tram pa; fingie ndo ataque de
m oros solicita ayuda a los bravos infante s, quie ne s,
con juve nil ím pe tu, h ace n oídos sordos a los re ce los
de su ayo Nuño Salido. M ordie ndo de e sta guisa e l

