Page 33 - Revista 2010
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Alde a de l Pinar                                                         Re vista Nº 3 - Ago/2010
                                             Flor de castilla.

                               Una leyenda castellana contada por la abuela Pilar

















                                                                       Re inando e n Le ón y Asturias Be rm udo II,
                                                              flore cían e n Castilla sie te  jóve ne s de  linajuda e stir-
                                                              pe , los llam ados sie te  infante s de  Lara. Su padre
                                                              e ra  Gonzalo  Gustios,  se ñor  de   Salas,  y  la  m adre
                                                              Sanch a Ve lázque z de  Lara, la cual, e n un solo par-
                                                              to, tuvo a sus sie te  vástagos.  Aconte ció que  casaba
                                                              e n la ciudad de  Burgos su tío Ruy Ve lázque z, se ñor
                                                              de  Vilvie stre , con una orgullosa y m ale ncarada da-
                                                              m a, de  nom bre  Lam bra. Y pue sto que  las m e ntiras
                                                              de l  corazón  com ie nzan  de sde   la  cara,  durante   la
                                                              tornaboda, ce le brada e n Salas, discutie ron am bas
                                                              fam ilias, los de  Bure ba y los de  Lara, injuriando
                                                              grave m e nte  Lam bra de  Bure ba a doña Sanch a al
                                                              de cirle  que  com o pue rca y de  una tacada a sie te  h i-
                                                              jos h abía parido e n ce nagal.
                                                                     Te rm inados los de sposorios, Ruy Ve lázque z
                                                              se  e ncam ina al e ncue ntro de l m onarca le onés, m ie n-
                                                              tras que  Lam bra, acom pañada por los sie te  infan-
                                                              te s,  se   dirige   h acia  Barbadillo  de l  M e rcado,  de
                                                              donde  e ra se ñora. La de  Bure ba por e l cam ino orde -
                                                              na a un criado que  afre nte  al m e nor de  los de  Lara,
                                                              h e ch o  que   se   salda  con  la  m ue rte   de l  lacayo,  lo
                                                              cual  pre te ndía  la  dam a.  Ente rado  Ruy  Ve lázque z
                                                              por su e sposa de  lo suce dido, con e lla tram a la ve n-
                                                              ganza; y así, m e diando falsos llam am ie ntos de l re y
                                                              para que  a Alm anzor se  le  lle ve  una carta, Gonzalo
                                                              Gustios se  e ncam ina h acia Córdoba con la m isiva
                                                              lacrada, e n la cual se  dice  que  se a m ue rto e l porta-
                                                              dor de  la m ism a y que , asim ism o, a sus h ijos se  le s
                                                              tie nda fie ra e m boscada.
                                                                     El  prude nte   Alm anzor  e n  ve z  de   m atar  a
                                                              don  Gonzalo  de cide   e nce rrarlo  e n  Palacio,  orde -
                                                              nando, por se r h idalgo caballe ro, se a ate ndido por
                                                              su propia h e rm ana. M ie ntras tanto e n Castilla, Ruy
                                                              Ve lázque z  e je cuta  la  tram pa;  fingie ndo  ataque   de
                                                              m oros solicita ayuda a los bravos infante s, quie ne s,
                                                              con juve nil ím pe tu, h ace n oídos sordos a los re ce los
                                                              de  su ayo Nuño Salido. M ordie ndo de  e sta guisa e l
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