Page 34 - Revista 2010
P. 34

Alde a de l Pinar                                                         Re vista Nº 3 - Ago/2010
            ce bo y cavando su propia cárcava, pe re cie ron los sie -  ale voso y allí m ism o le  de capita. Doña Lam bra, sa-
            te  infante s, su ayo y toda la com paña. Tras cortar-  biéndose  pe rse guida, h uye  por e l cam ino de  Quinta-
            le s las cabe zas, e stas son e nviadas a Córdoba y por  nar h acia La Cam piña, ponie ndo fin a su e xiste ncia
                                                              zam bulléndose   e n  las  gélidas  aguas  de   la  laguna
                                                              Ne gra.
                                                                     M udarra  Gonzále z,  orige n  de   la  proge nie
                                                              de   los  M anrique   de   Lara,  tras  se r  bautizado  fue
                                                              ace ptado com o h ijo por doña Sanch a y, a usanza de
                                                              Castilla,  arm ado  caballe ro  por  e l  conde   Garci
                                                              Fe rnánde z e n la m uy noble  ciudad de  Burgos».














            Alm anzor pre se ntadas al se ñor de  Salas, e l cual, al
            re conoce rlas, e stalló e n llantos y lágrim as. Conm ovi-
            do e l visir cordobés ante  tam aña m ue stra de  dolor, li-
            be ra a don Gonzalo, quie n parte  h acia las tie rras
            de  Lara, de jando e ncinta a la m ora que  lo cuidaba.
                    Transcurridos varios años, pe ro vivo e l re -
            cue rdo, la h e rm ana de  Alm anzor le  de sve la a su h i-
            jo M udarra quién e s su padre  y la fe lonía tram ada
            contra sus h e rm anastros. H orrorizado por la narra-
            ción, pre sto parte  h acia Castilla al e ncue ntro de  su
            triste  padre  a quie n, tras postrarse  de  h inojos, jura
            ve nganza com o único re m e dio para re parar tan m ag-        Antonio-José Viñarás y Dom ingo
            na injusticia. Acto se guido, m arch a con sus h ue ste s
            sobre  Vilvie stre , arrasa la villa, re ta a don Ruy por
   29   30   31   32   33   34   35   36   37   38   39