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Revista Nº 4 - Ago/2011
             Aldea del Pinar
            pata, y quedó valdada. Ni los emplastos ni la bizma   del último crepúsculo como un panete de aceite col-
            consiguieron sanarla. Por eso decidió venderla para   gado por encima del despoblado de Cañicera, pero
            carne  en  la  feria.  Definitivamente,  compraría  una   por el camino no se veía a nadie hasta los encinares
            yunta de machos, y dejaría el burro sólo como ani-  de la mojonera.
            mal de viaje y carga.                                    Después  de  oscurecido,  alguien  abría  la
                   En los días siguientes, dos huecos mancha-  puerta cuando estábamos todos a la lumbre con mie-
            ban de silencio toda la casa. Casi ni el sol venía a   do.Era mi padre, que volvía solo. Traía bajo el bra-
            vernos. En la mesa nadie cumplía el rito de partir el   zo  la  manta  negra  y  la  zumba  con  el  collar  de
            pan ni de empezar a comer el primero. y la cuadra   cuero.La feria se había dado bien, y estaba contento.
            se nos antojaba la noche más oscura del invierno.
                   Al tercer día un sol tímido aparecía al filo      Eutiquio Cabrerizo (http://www.fuentearmegil.com)




                   El  Paso del  Tiempo

                   arece muerta bajo la capa de frío en forma de nie-  pendientes de las tecnologías.
                   ve y hielo pero aún late en su interior el calor de   Y con estos afanes nos lleva el tiempo al vera-
            los pocos aldeanos que mantienen viva la llama, muchas   no, cuando ya las promesas han devenido en realidades,
            veces octogenaria, en los gélidos inviernos.      mejores o peores, medio llenas o medio vacías, y los últi-
                    Claro, dirán algunos, las modernas comodidades   mos trabajos van llegando a su fin, aunque sólo sea para
            permiten  vencer  la  dureza  del  clima.  Éstos  no  conocen   poder dar comienzo a los que en otoño prepararán el año
            que la modernidad llegó aquí con los romanos, invento-  venidero tras la hibernación.
            res de las glorias con las que se han caldeado las casas des-  Y este es tiempo de calores, aunque la chaqueta
            de  entonces  en  toda  la  zona  para  sobrevivir  a  los   siga acompañando a tantos aldeanos por la noche que les
            rigurosos inviernos.                              recuerda con sus fríos frecuentes dónde están, a qué tie-
                    Pero  andando  el  tiempo  estos  fríos  que  aunque   rras pertenecen.
            duros nos muestran unos paisajes de gran belleza, dan pa-  Y  pulsantes,  como  olas  desbocadas,  corren  los
            so al resurgir de la vida que, tras el severo embate soporta-  sonidos de las campanas por los valles y altozanos: la Al-
            do,  renace  con  un  inusitado  afán,  casi  diría  que  con   dea está en fiestas. Es el apogeo del verano.
            violencia: es la primavera.                              Es momento de reunión, de hacer recuento y re-
                    Aún nos recuerda de dónde venimos con unas no-  novar los lazos de vecindad, de ver el aún vigoroso paso
            ches  frías  y  amaneceres  escarchados  pero  de  día,  una   de muchos de sus octogenarios (o nonagenarios) y el tam-
            gran parte de ellos soleados, la cálida caricia solar invita   baleante de los nuevos aldeanos que empiezan a degustar
            a salir, a participar de esta alegría con la naturaleza.  una  libertad,  no  conocida  en  las  ciudades,  alrededor  de
                    Y llueve, y hace Sol, y refresca, y calienta, y la   sus madres que poco a poco van cediendo en su vigilan-
            vida  aflora  a  borbotones  por  todas  partes,  incluso  entre   cia para expandir fronteras en su nuevo universo.
            los aldeanos que poco a poco ven como su población va    Pero el tiempo no se detiene. Y llega el otoño,
            creciendo en los fines de semana.                 acortando  los  días,  reduciendo  los  calores,  llevándose
                    Y  comienzan  las  labores  duras  del  campo  con   consigo el tropel de veraneantes.
            sus  promesas  de  futuro  que  unas  veces  se  cumplen  y   Son momentos que invitan a la reflexión, a sa-
            otras no y siempre habrá quien vea el vaso medio lleno y   car conclusiones de lo vivido, a iniciar un recogimiento
            quien medio vacío.                                en nuestro propio interior, a los días cortos con largas ve-
                    Así ha sido por los tiempos de los tiempos desde   ladas  que  traerá  el  invierno,  hoy  rotas  en  gran  medida
            que el hombre empezó a ser recolector.            por la inevitable presencia de la televisión, tiempo de pro-
                    Hubo un tiempo largo, ahora ya pasado, en que   yectos y futuros.
            hubo carros; y con ellos fluían, como el oxígeno en la san-  Y vuelve el invierno y el pulso se reduce hasta
            gre, los conocimientos y saberes al mismo tiempo que las   el  estado  de  hibernación. Todo  vuelve  al  principio,  in-
            mercancías por esos largos caminos que recorrían.  mutable al paso del hombre, por los siglos de los siglos.
                    Aquello acabó pero los cielos del campo perdu-
            ran inmutables al paso del tiempo y de los hombres, inde-              Javier Santa


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