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Revista Nº 4 - Ago/2011
             Aldea del Pinar
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                                                              símbolos  de  grado  en  la  especialización  profesio-
                                                              nal, por los adornos de piedras semipreciosas engas-
                                                              tadas  o  antiguas  medallas  y  monedas.  En  algunos
                                                              casos  poseía  todo  tipo  de  inscripciones  alegóricas
                                                              de  la  honradez  en  el  ejercicio  profesional  o  de  la
                                                              virtud y calidad de los caldos que se probaban.
                                                                     El  catavinos  fue  popularizado  por  la  co-
                                                              fradía de los caballeros del catavinos (Confrérie des
                                                              Chavaliers  du Testavin),  donde  se  origino  el  nom-
                                                              bre  fancés. Actualmente,  funge  mas  como  un  em-
                                                              blema que como una herramienta. Muchas veces es
                                                              portado colgado del cuello por los sumillers de res-
                                                              taurantes para ser distinguidos como tales. Signifi-
                                                              ca tradición para el catador profesional.
            pacidad de nueve centilitros. El interior puede ser li-
                                                                     Actualmente se utilizan catavinos de vidrio
            so.  Antiguamente  estaba  adornado  con  un  racimo
                                                              que permiten apreciar en color, brillo, sabor y olores
            de uvas y pámpanos..
                    Su  ornamentación  puede  ser  muy  sencilla,
                                                                                               Anonymus


                   Recordatorio.


                    Dos  niños,  mi  padre  Demetrio  y  su  amigo  sujetaba y cuando me di cuenta que iba sola me caí
            Evencio, regaron durante un verano las acacias plan-  en un ortigal.
            tadas en el atrio de la iglesia, dos según mi padre ó    También vería a mi abuelo Mateo empujan-
            tres según Felipe el molinero, como castigo porque  do  esa  bici,  ya  que  no  sabía  montar,  hasta  la  esta-
            les pillaron cogiendo pájaros en la torre.        ción de tren para que yo volviera pedaleando veloz
                    Desde entonces la única acacia supervivien-  que era lo que más me gustaba hacer cuando volvía
            te ha sido testigo de casi todos los acontecimientos  del colegio.
            de la Aldea, como del día de los Santos en que íba-      En  esa  misma  bicicleta  fui  corriendo  a  los
            mos los chicos a felicitar a Alfredo, había caído una  Entrerríos  a  avisar  a  la  señora  Catalina  que  estaba
            gran nevada y el cura al bajar las                             pescando  cangrejos  para  que  subiera
            desgastadas  escaleras  de  piedra                             porque  Marcial  se  había  puesto  en-
            hacia  el  Campito  se  resbaló  en-                           fermo.
            terrándose  bajo  la  nieve.  Los  chi-                         Lo  que  tampoco  se  perdió  mi  pri-
            cos  entre  los  que  se  encontraban                          mea comunión, como no se ha perdi-
            Juan  Ramón  y  Jesús  Manuel,  fal-                           do ninguna desde hace unos 90 años.
            taba  Rafa  porque  no  estaba  en  la
            Aldea,  nos  escondimos  para  reír-                            Vinieron  mis  primos,  todos  mis
            nos a carcajadas mientras él se sa-                            tíos,  entre  ellos  Zacarías,  Casilda,
            cudía la sotana con disimulo.                                  Rosario y la siempre alegre tía Lucía
                    No sé si desde el atrio lle-                           derrochando simpatía.
            garía  a  ver  la  cigüeña  que  tenía                          Como todo árbol, esta acacia es tes-
            que traer a mi hermano una solea-                              tigo de nuestra pequeñita historia.
            da  tarde  de  febrero.  Mi  amiga                              Ninguno  de  los  nombrados  está  ya
            Margarita y yo no la vimos y eso                               con nosotros, como tantos otros, sólo
            que nos pasamos toda la tarde esperándola, incluso  quería que desde donde quiera que estén sepan que
            nos subimos a la jaula de conejo para no perdérnos-  siempre les recordaremos.
            la, pero nos debimos despistar jugando como nos di-
            jo la señora Eusebia que junto con la señora Isidora
            estaban con mi madre esperando la llegada del niño.                    Mª Jesús Berzosa
                    La acacia fue testigo de nuestros juegos, del
            día que aprendí a andar en bici mientras Alfredo me


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