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Aldea del Pinar Revista Nº 7 - Ago/2014
noche de Todos los Santos, para espanto de quie- dor, postrado de hinojos, abrió el morral para
nes tocaban a clamor en el campanario y que, que pudieran ver el trofeo que certificaba la
tras bloquear el acceso, aguantaron la feroz mira- muerte de la temida fiera por desangramiento.
da de dos pupilas incandescentes. Pero, para sorpresa de los presentes, lo único
A medida que transcurrían los días, una
mezcla de desconcierto y terror iba apoderándo-
se de los paisanos que, si bien intentaban hacer
frente al animal, nada conseguían. El propio
obispo de Osma, armado de santa ira, conminó
a los concejos para que efectuasen batidas coor-
dinadas en los montes; no sin antes anunciar
que habría recompensa para aquel que acabara
con la bestia. Así, en cada villa y lugar, los veci-
nos, pertrechados con trabucos, horcas y ha-
chas, rastrearon palmo a palmo los bosques y
forestas. De nada sirvió. La alimaña, como si lo
supiera, hábilmente desapareció por un tiempo,
aunque al poco volvió a las andadas. Pero, una
noche de luna sangrienta… ¡zas!, un cepo atrapa-
ba su pata delantera derecha. Aullidos de rabia
y dolor retumbaron en medio de la madrugada.
Una cuadrilla que vigilaba la entrada de un cer-
cano villorrio, con la velocidad del rayo, se pre- que apareció en el interior del zurrón fue la deli-
sentó en la escena justo en el preciso instante en cada mano de una mujer, ornada con un anillo
que la loba, fuera de sí, parecía estar a punto de que portaba una extraña esmeralda engastada.
sacar su extre- En medio de una total confusión, en la que el
midad de la mitrado llamaba a sus guardias mientras el se-
trampa. Un cur- cretario no paraba de santiguarse, el alcaide pa-
tido leñador se recía lividecer por momentos… Esa bella
adelantó y, blan- mano, esa rara joya… ¡Eran de su esposa!
diendo su mor- Mandó avisarla, pero no estaba en sus aposen-
tal hacha, tos. Tampoco había dormido, informaron las
asestó un gol- criadas. Tras ordenar su búsqueda, la hidalga
pe que, si bien no del todo certero, seccionó lim- dama apareció no muy lejos del castillo, en la
piamente la zarpa diestra de la bestia. Ésta, espesura, refugiada en la choza de una conoci-
presa del sufrimiento, mostró su peor sonrisa, an- da nigromante. Exánime y con un muñón caute-
tes de huir entre unas estepas. rizado, la mujer-loba recibió a sus buscadores
blasfemando y riendo obscenamente. Puestas
El leñador metió la amputada garra en ambas a disposición del Santo Oficio, y acusa-
su zurrón y partió, junto al resto de la cuadrilla, das de brujería y un sinfín de crímenes, fueron
hacia el castillo de Ucero, fortaleza en la que se condenadas a la hoguera sin mostrar el más mí-
solazaba el obispo de Osma, su dueño y señor. nimo arrepentimiento. Aequat omnes cinis.
Llegaron frente a sus muros al amanecer, cuan-
do el prelado concluía el rezo de maitines. En la
torre del homenaje, fueron recibidos en audien- Antonio José Viñarás y Domingo
cia por monseñor, flanqueado por su canciller-se-
cretario y por el alcaide del castillo y alcalde
mayor de señorío de la villa de Ucero. El leña-
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