Page 9 - Revista 2014
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(*) No soy un completo inútil, por lo menos sirvo de mal ejemplo.
             Aldea del Pinar                                                               Revista Nº 7 - Ago/2014

            dos,  con  la  obligación  de  publicar  la  fórmula  oriunda  de  Cani-
            con una tirada de 2.000 ejemplares. Parece ser    cosa  de  la  Sierra,
            que la buena señora Pérez de Peromat, viuda de    y  cuatro  hijos,
            Aparicio de Zubía, no debió de quedar muy con-    que  pronto  fueron
            tenta  con  lo  negociado,  pues  dicen  que  la   cinco,  pues  yo
            fórmula que publicó no era del todo fiel al origi-  nací  ya  en  abril
            nal. Yo no sé si 60 ducados anuales daban para    del  año  1940.  El
            mucho. Así que no sé si he de darle la razón a    sexto  hijo  nació
            la señora al publicar una fórmula que difería un   muy  a  trasmano,
            tanto de la fórmula original.                     cinco  años  más
                                                              tarde.
                    Es una pena que yo no sepa más acerca
            de aquel Aparicio, de quien quizás viniera mi pa-        Mi    padre
            dre y el padre de mi padre, y así sucesivamen-    no  volvió  a  la Al-
            te,  hasta  llegar,  por  senderos  intrincados,  a   dea más que de vi-  Hypericum_perforatum.
            Lekeitio,  y  descubrir  al  curandero Aparicio  de   sita.  En  una  de   (Hierba de San Juan)
            Zubía hablando en euskera con sus pacientes le-   aquellas    visitas,  La base del aceite de Aparicio
            keitianos...                                      cuando  yo  tenía
                                                              diez años, me llevó consigo para que conociera
                                                              su pueblo y a sus parientes. No volví a la Aldea
                                                              hasta  cuarenta  años  después.  Pero  ya  no  me
                                                              acompañaba mi padre, que había muerto en Mi-
                                                              randa de Ebro.

                                                                     Mi  padre,  que  yo  sepa,  nunca  leyó  El
                                                              Quijote. Así que no tuvo, como yo, el placer de
                                                              encontrar su apellido en el libro más famoso y
                                                              bello de la literatura española.


                                                              Pero mi padre me enseñó a leer.


                                                                                           Guillermo Aparicio





                    No sé por qué caminos los Aparicios lle-
            garon a la Aldea del Pinar. Sé que mi padre, Do-
            roteo Aparicio  Sanz,  nació  en Aldea  del  Pinar
            el 28 de marzo de 1901, lo que le permitía ufa-
            narse, más en broma que en serio, de haber naci-
            do  con  el  siglo,  dando  a  entender  con  una
            mueca irónica que bien sabía él lo poco bueno
            y lo mucho malo que había traído el dicho si-
            glo, aunque él tuviera la suerte de no haber teni-
            do que participar en las dos horrendas guerrras
            que se dio en llamar mundiales. Pero la guerra
            incivil española la pasó enterita en el frente. Tu-
            vo la suerte de volver vivito y coleando a Villa-
            diego,  donde  le  esperaban  su  mujer  Julia,



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