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(*) Lo importante no es ganar, sino hacer perder al otro.
Aldea del Pinar Revista Nº 7 - Ago/2014
"El aceite de Aparicio".
medad, que parecen cosas contradictorias y sig-
nifican lo mismo, era una pomada para curar
las heridas, muy apreciada y muy cara. Tan ca-
Quiero suponer que no hay aldea tan lle- ra que había un dicho que rezaba: ”Eso es tan
na de Aparicios como la del Pinar. Y sospecho caro como el aceite de Aparicio.” Y el dicho
que pocos de esos Aparicios sabrán que ese nues- aceite era tan caro no sólo por ser muy aprecia-
tro apellido aparece en el Quijote, en el capítulo do, sino porque nadie más que su autor conocía
46 de la segunda parte: la fórmula. Y el autor no era otro que un curan-
Es de noche. Sancho no está. Don Quijo- dero morisco llamado Aparicio de Zubía, naci-
te está solo en su aposento de huésped en el pala- do en Lekeitio. Así que el tal Aparicio, además
cio de los duques que se divierten poniéndole de morisco era vasco de apellido y de nacimien-
en ridículo con bromas entre pesadas y crueles. to. ¿Quién nos lo iba a decir? Tuvo la suerte de
Solo está el pobre caballero, solitario, desampa- vivir en la primera mitad del siglo XVI, (murió
rado y triste, mientras su entrañable Sancho, en 1566), ya que así no le tocó sufrir, entre
con su buen juicio, está dejando boquiabiertos a 1609 y 1613 la expulsión de los moriscos, de-
quienes en la isla, que no es isla, esperaban di- cretada por el rey Felipe III, ni estuvo expues-
vertirse a su costa. to, de haber vivido en pleno siglo XX, a ser
Es de noche, y a los duques no se les ocu- víctima de los pistoleros purasangres y sangui-
rre nada mejor que meterle a Don Quijote unos narios, que si les dejan habrían conseguido que
gatos por la reja de su ventana. Don Quijote se lo vasco provocara vascas.
lía a estocadas con los gatos. Todos menos uno Pues bien, ese curandero vascomorisco
consiguen escapar, pero el que queda, presa de no debía de tener nada de tonto, pues se in-
pánico, salta a la cara de Don Quijote, le muer- ventó una fórmula que se las trae, y la mantuvo
en secreto, con lo cual se aseguraba el monopo-
lio. La versión que aparece en 1794 en la Far-
macopea Hispana consta de aceite de oliva,
hipérico, romero, lombrices de tierra, trementi-
na, resina de enebro, incienso y almáciga en
polvo. Sabemos incluso cómo se prepara:
“Sobre el aceite de oliva se añaden su-
midades florales de romero y de hipérico... Du-
rante tres días se deja digerir en caliente la
mezcla, y se adicionan las lombrices de tierra.
Se cuece todo a continuación hasta que se con-
sume la humedad y se cuela todo, disolviendo
en el líquido que queda trementina buena, resi-
de, le araña, le deja hecho un Cristo: na de enebro en polvo, incienso en polvo y
“Quedó don Quijote acribado el rostro y almáciga en polvo.”
no muy sanas las narices, aunque muy despecha- Aquel señor morisco lekeitiano estaba
do porque no le habían dejado fenecer la batalla casado con Isabel Pérez de Peromat, apellido
que tan trabada tenía con aquel malandrín encan- este que a mí, que soy ignorante, me suena a ca-
tador. Hicieron traer aceite de Aparicio... talán. Pues bien, catalana o no, su mujer, al que-
Ahí tenemos a nuestro Aparicio. darse viuda en 1566, ofreció a la corte de
El aceite de Aparicio, oleum magistrale Madrid la fórmula del aceite de su marido, con-
para los profesionales de la salud o de la enfer- siguiendo a cambio una renta anual de 60 duca-
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