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Revista Nº 4 - Ago/2011
Aldea del Pinar
Cosas de la historia.
es que los pelendones son colocados entre los
uando Víctor me invitó a escribir algo para es-
turmódigos del valle del Arlanzón al norte y los
ta Revista, me puso en un dilema, no por otra
arévacos del valle del Duero (Clunia), al sur.”
cosa , sino por no saber escoger lo que a los
lectores pudiera interesar, y mira por donde, me sugi-
Los Pelendones, dice Argaiz en ese Boletín
rió algo Don Armando Mateo, sacerdote de San Leo-
del Obispado de Soria, núm.1, pg. 303 y ss.: son
nardo y párroco de Espejón, para que investigara en
los que el día de hoy llamamos Pinariegos, que ha-
los Boletines Diocesanos de Osma, ya que él en-
bitan los pueblos que hay en las vertientes meridio-
contró un filón muy bueno en el número que me in-
nales de los montes Idubedas, y corren de Oriente a
dicó, para que conociera la famosa “Batalla de
Poniente desde Vinuesa hasta Palacios por las fal-
Hacinas”, del Conde Castellano contra el feroz Al-
das y llanos de aquella cordillera. Llamáronse Pe-
manzor, y que os recomiendo que leáis, por lo boni-
lendones o porque gentes asianas de este nombre
ta y eruditamente que está escrita, allá por el año
tomaron antiguamente posesión en España de esta
965, por supuesto, en castellano antiguo. Pero mi
parte de tierra, o porque toda esta gente eran tan
punto de vista estaba en LA ALDEA
diestros, inclinados y bizarros en tirar el dardo que
no se conocían otros en España como ellos. Y del
De lo que ahora quiero hablar, es de las raí-
verbo latino p e l l o que significa tirar y arreglar,
ces históricas que tenemos y que quedan atrás, no pa-
les vino el nombre de Pelendones, y esto tengo por
ra olvidarlas, sino para mirarnos a ellas, puesto que
más cierto. De ellos de su hábito, ligereza y ejerci-
nos unen tanto que hoy no seríamos nada si antes
cio, y cuán estimados fueron en tiempos de los Ro-
ellos no hubieran escrito una página de la historia.
manos diré lo que pudiere en los comentarios
Por ahora sólo os contaré algo de nuestros antepasa-
castellanos a nuestro F.L.Dextro donde me remito.
dos, los Pelendones, y la visita del Obispo de Os-
No tenían ciudades populosas, pero había muchos
ma, Fr. Vicente Horcos Sanmartín, el día 22 de
pueblos fuertes de sitio, donde se criaban hombres
Julio, de 1854. El cronista- redactor de este Boletín,
curados con las inclemencias del cielo para sufrir
núms.. 39 y 40, ( encuadernados en el Tomo 1), es
las guerras y trabajos de la tierra.
el Rvdo. Don Miguel Andrés Aparicio, que se funda-
menta en otros historiadores, bien documentados, co-
mo son: Argaiz (siglo XVII) y Loperráez (siglo
XVIII)
LOS PELENDONES:
De estos antepasados, en lo que se refiere a
nuestro entorno ya se ha escrito bastante por plu-
mas muy autorizadas como es la de Alberto Bengoe-
chea Molinero en su libro “Historia de Salas-I ” . A
él hace referencia el Núm. 1 de nuestra revista y el
artículo que escribió Víctor sobre Poza-Airón.
Además tenemos una “Guía Arqueológica: Los Pe-
lendones”, sobre los castros celtas y editada en So-
ria por ASOPIVA. Los castros de Hontoria y Navas
Los Duracos que caen a Oriente son todos
dan fe de ello. En el libro citado de Alberto Bengoe-
los que hay en la tierra de Garray, Soria y su juris-
chea, pag.73, nos dice que: “ los habitantes de los
dicción, que son bien celebrados por la honra y glo-
castros pertenecieron a la tribu de los pelendones, cu-
ria que les ganó la ciudad de Numancia donde
yo nombre “belendi”, podría significar “adoradores
hasta las mujeres pueden contarse entre las mejores
del Dios Belennos”. Plinio situaba el nacimiento
heroínas de la antigüedad. Llamáronse Duracos por
del Duero entre los pelendones. Los investigadores
el rio Duero, a quien dicen los latinos Durius; por-
actuales tienden a desplazar el territorio pelendón
que si bien tienen su origen en los Pelendones junto
desde las serranías de Soria hacia el oeste, entre el
al lugar de Dueruelo, a quien da su nombre y corre
valle medio del Arlanza y el Alto Duero. Lo cierto
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