Page 7 - Revista 2011
P. 7
Revista Nº 4 - Ago/2011
Aldea del Pinar
ministró el Santo Sacramento de la Confirmación a
los niños ( @s) que a continuación se expresan”
Los cuales fueron, nada más y nada menos que 16
niños y 19 niñas, algunos de entre ellos, para que
nos cuenten algo, si se acuerdan, estaban: Jesús An-
tonio Lucas, Oscar Gómez, Francisco Javier Man-
chado, José Antonio Sanz, etc.,y de las chicas:
Raquel, Cristina y Resurrección Manchado, Piedad
Berzosa y Olga Gómez. Fueron padrinos Tiburcio
Sanz y Dña. Camila Miñambre. Párroco, Dn. Grego-
rio Ovejero. Y esta fue la última. Y aunque queda-
mos pocos, aún estamos los suficientes para
poderlo contar.
Con la venia de todos me despido hasta
otra que os pueda contar más cosas de nuestra histo-
ria. Un abrazo para todos de vuestro Párroco DO-
Domingo Contreras
MINGO.
Carta a la madre.
adre amantísima, mi burra más querida, he a veces me consume, al querer ser más humano que
recibido su carta y la he leído con el interés los propios hombres a los que desdeño. Y yo le ase-
y el afecto que su amor me suscita. No pue- guro madre que en ese momento solté la flauta, y
do sin embargo dejar de observar un leve reproche puse la cara más asnal que pude, pero ya estaba el
por mi conducta, a la que califica cuando menos de chico bajando hacia el pueblo gritando que había oí-
vanidosa. Pero yo le digo que todo eso que se cuen- do al burro tocar la flauta y cuánto desafinaba, lo
ta de mí no son más que habladurías; le aseguro, ma- que no era cierto, madre, yo se lo juro, pero es que
dre, que no hubo en mi conducta afán de la flauta era de feria y muy mal templada. Y al poco
exhibicionismo, y espero que esta sea su impresión llegaron seis o siete mocetones que me pidieron que
tras leer el relato completo de los hechos. volviera a tocarla, primero rogando y luego a basto-
nazos, pero yo resistí firme sobre mis cuatro patas,
Hallándome solo en uno de los prados más madre, y por disimular aún tuve el temple de rebuz-
alejados del pueblo a la hora en que los hombres se nar varias veces, lo que causó una extraña hilaridad
echan la siesta, viéndome tan alejado del mundo so- en los presentes, excepto en el hijo del dueño, que
bre aquel festín de herbajes verdes y sabrosos, no sé desilusionado, murmuró: “Pues no sé, ¡habrá sona-
qué sentimiento se apoderó de mí que, llevado por do por casualidad...!”.
un voluptuoso deli- Cómo se ha propagado la anécdota y por
rio, me puse a tocar qué ese Tomás de Iriarte ha fabulado esa coplilla, es
la flauta, en concre- algo que no me explico. Quizá se tratara de otro bu-
to la sarabande de rro mal venturado, porque no sé en cual de nuestros
la partita en la me- 62 cromosomas se esconde esta absurda afición
nor BWV 1013 del nuestra a tocar la flauta. No lo sé, madre, ¡hay tan-
dilecto Bach. Tal tos interrogantes! El vasto mundo, con sus sofismas
era mi emoción que y abstracciones, es demasiado complicado para un
no oí llegar al hijo simple burro como yo.
de mi dueño, y sólo
Alberto Luque Cortina
cuando exclamó:
“¡Toma! ¡Pues no está el burro tocando la flauta! ¡Y
qué mal lo hace el condenado!”, comprendí la exac-
ta dimensión de mi error, y esa insana veleidad que
7

