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Revista Nº 4 - Ago/2011
Aldea del Pinar
La yegua y el lobo
e gustaría contaros como pasábamos el in- ban como el lobo, por las noches, se acercaba hasta
vierno los niños de los años cincuenta y mu- los alrededores del pueblo, en aquellos años la po-
chos, digamos los que teníamos entre ocho blación de lobos era importante, pero vamos a una
y diez años. de esas historias de lobos que nos contaron.
Los días, a pesar de hacerse de noche muy El padre de mi abuela, es decir mi bisabue-
pronto, eran larguísimos y nos daba tiempo a hacer lo, tenía una yegua, por las noches todos los anima-
muchas cosas. Íbamos a la escuela mañana y tarde, les se recogían en sus cuadras por miedo a los
muy abrigaditos, con muchas capas de ropa, pero nor- lobos, pero a esta yegua le gustaba más dormir al ai-
malmente no llevábamos abrigo, ¿No teníamos?, re libre y se había buscado un lugar muy apropiado
¿No nos hacía falta?, no teníamos frio, pero tempera- para poder hacerlo, en las eras había una zarza,
tura lo que se dice temperatura yo creo que no cuando los lobos bajaban al pueblo la yegua se situa-
había, eso debió ser un invento posterior. Recuerdo ba dentro de la zarza, metiendo la grupa y defen-
como mi padre con una pala quitaba la nieve de la diéndose con las patas delanteras, por la parte que
puerta de la casa y hacía un camino para poder salir. no quedaba protegida. Y así pasó muchas noches,
Pero sigamos con el orden del día, salíamos de la es- con lobos y sin lobos, hasta que el abuelo se le ocu-
cuela sobre las cinco de la tarde, merienda y a jugar rrió la brillante idea de cortar la zarza, pensando
hasta que se hacía de noche, ese era el momento de que la yegua al verse desprotegida se iría a dormir a
irnos a casa de los abuelos. la cuadra, pero no fue así y siguió terca durmiendo
al raso, hasta que una noche presintió el lobo, busco
Imaginaos una cocina, con su chimenea de el refugio y no lo encontró. A la mañana siguiente
campana, el fuego bajo y todos alrededor de él. Por cuando mi bisabuelo acudió a la era a recoger la ye-
delante nos achicharrábamos, pero por atrás era otra gua, la encontró muerta, la habían matado los lobos.
cosa. Si llovía, nos llovía, si nevaba , nos nevaba, ya
que el agua y la nieve se colaban por el gollete de la Dicen que cuando fue a cortar la zarza le di-
chimenea, además del aire y luz. Pero eso no nos jo a la yegua, -Esta noche te voy a espabilar. - y la
preocupaba lo más mínimo, ya que nosotros íbamos espabiló.
a lo que íbamos, sin reparar en más historias. Unas
Gloria Gómez Chicote
noches jugábamos a las cartas y otras nos contaban
historias que ellos habían vivido, historias que nos
encantaba escuchar, pero que por su temática, cuan-
do salíamos de allí llevábamos el corazón en la boca
y lo peor de todo era que teníamos que salir a la ca-
lle y volver a nuestras casas sin luz.
Pongámonos en situación, noche cerrada co-
mo boca de lobo y creo recordar que de casa de mis
abuelos a la mía había solo dos bombillitas, que
alumbrar, lo que se dice alumbrar, no alumbraban na-
da.
De la frase como boca de lobo me quedo
con esta última palabra, lobo, pues sobre estos anima-
les versaban muchas de las historias. Ellos recorda-
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