Page 41 - Revista 2014
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Aldea del Pinar                                                               Revista Nº 7 - Ago/2014
            de los nietos a la salida del colegio. Al fin se ter-
            mina el interrogatorio con la pregunta definiti-
            va;  -"¿que  cuántos  años  tengo?  -"y  eso,  ¿que
            más  da?"  contesta  preocupado  pensando  en  lo
            inoportuno del momento. -"Es la norma de la fi-
            nanciera", contesta la mujer.  -«Desde luego es-
            toy viudo para desdicha de mi parienta y la mía
            pero no quiero líos de faldas… », añade el hom-
            bre un poco mosca. Ella ríe la ocurrencia y le di-
            ce  que  ese  es  un  dato  imprescindible;  -"acabo
            de cumplir setenta y nueve años", contesta, y es-
            pera, por fin, para firmar los papeles y recoger
            el paquete que contiene el ordenador. Pasan un
            par de minutos y la respuesta de la "financiera"         Cuando  llega  a  las  puertas  del  colegio,
            esa le completa la desazón y con ella el desen-   los dos pequeños, que le esperaban ansiosos, sa-
            canto;  no  le  conceden  el  préstamo  necesario  y  len  lanzados  hacia  los  brazos  del  abuelo  y  le
            si quiere llevarse el ordenador no le queda más  disparan las preguntas:
            remedio que pagarlo en el acto y "a toca teja".  -« ¿Abuelo, dónde está el ordenador»?,
            Según parece, la suya debe ser «edad de riesgo  -« ¿Abuelo, podremos hablar con los primos es-
            como  para  la  vacuna  de  la  gripe».  El  hombre  ta tarde?»
            no acierta a entender a que riesgo se refiere y la  -« ¿Abuelo, nos dejarás jugar al...?»
            dependienta,  trémula,  se  lo  explica  como  pue-  ………….
            de;  -«Ya,  ya»  responde  descorazonado  cuando
            descubre que se trata de eso, de que «uno la pue-        El abuelo les mira con ternura y les con-
            de palmar antes de pagar los seis recibos».       suela  diciendo  que,  de  momento,  no  tienen  el
                                                              modelo que dijo el primo y que hay que espe-
                    Su gozo en un pozo. Son ya las dos me-    rar a que le llamen por teléfono para ir a reco-
                                                              gerlo  cuando  lo  reciban  de  la  fábrica.  Los
                                                              pequeños se desencantan y el abuelo se mues-
                                                              tra inquieto mientras se rasca la cabeza apena-
                                                              do. Y recuerda las cosas tan bonitas que dice la
                                                              televisión para agradecer a tantos miles de jubi-
                                                              lados como él que están batallando para supe-
                                                              rar  la  maldita  crisis  que  deja  sin  trabajo  a  la
                                                              gente joven y obliga a convertir en milagro la
                                                              escasa  paga  del  pensionista.  «Los  abuelos  son
                                                              la  salvación  de  miles  de  parados»,  proclaman
                                                              políticos y tertulianos... Sí, sí, pero por lo visto
                                                              representamos  un  riesgo  económico  a  la  hora
                                                              de comprar cosas a plazos, se dice…
            nos cuarto y tiene que ir en busca de los nietos
            que salen del colegio a las dos. Baja por las esca-  Burgos, junio 2014
            leras  mecánicas,  entre  triste  y  descorazonado   E.G.S.
            porque  apenas  puede  dar  crédito  al  desenlace.
            Jamás  tuvo  problemas  semejantes,  incluso  en
            tiempos  de  posguerra  en  que  el  Hilario,  en  su
            tienda  de  ultramarinos  de  la  calle  mayor,  les
            apuntaba las compras de todo el mes y le paga-
            ban al final, recién cobrada la nómina de curran-
            te.

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